En Granada
Las residencias para discapacitados están «a tope» y con lista de espera

Las plazas que se ofertan en la provincia de Granada para que ingresen a tiempo completo personas con discapacidad física e intelectual están llenas, y hay lista de espera, sobre todo en las referentes a los individuos con limitaciones exclusivamente de movilidad. Solo la Huerta del Rasillo, en la capital, ofrece 32 camas para este último tipo de dependientes. Y la oferta la completa Aspace, la asociación de parálisis cerebral, con otras 18 a disposición de la ciudadanía. Las 50 -en su gran mayoría concertadas y ofrecidas como un servicio público- están llenas y acumulan listas de espera. Pero los datos exactos de las colas se desconocen porque dependen de la Administración andaluza, que las asigna a través de la Ley de Dependencia, y no las hace públicas.
Cristóbal Rodríguez, gerente de Aspace, sabe que tres personas del centro de día han que ser ingresados en otros centros porque ellos no tenían plazas. Martín Ortega, presidente de la Federación Granadina de Personas con Discapacidad Física y Orgánica, señala que un estudio realizado por el colectivo estima que Granada y provincia necesitarían unas cien plazas para sus usuarios, el triple de las que existen. La situación es tal que muchos beneficiarios de la Ley de Dependencia, con el derecho reconocido a tener una plaza, terminan por ocupar una cama en una provincia lejos de la suya de origen. Otros, los que pueden, prefieren esperar 'sine die'. Al ser una población relativamente joven la espera puede durar años hasta que otro usuario del lugar escogido cause baja, informa "El Ideal" de Granada.
Este último es el caso de Santiago Recio, un hombre de 41 años con parálisis cerebral, que se crió en Algarinejo, un pequeño pueblo de Granada lleno de barreras -arquitectónicas y mentales-, donde no fue al colegio porque el maestro «no se sentía preparado para tenerlo como alumno». Con un 94% de discapacidad física y sus facultades mentales absolutamente plenas, aprendió a leer y a escribir en casa. Tanto él como su hermana se empeñaron. Y ahora no para de comunicarse con el ordenador gracias a un licornio (un casco que lleva una varilla metálica incorporada con la que toca las letras en el teclado), porque el movimiento de la cabeza es el que mejor controla. Ni los brazos ni las piernas le responden como él quisiera, por eso también pinta al óleo, pero con la boca. Y es dinamizador cultural del ayuntamiento de su pueblo, además de un gran melómano. Todo de manera autodidacta.
Siempre lo han cuidado sus padres, ahora casi octogenarios y enfermos, y una de sus hermanas, que recientemente padeció de cáncer. El resto de sus tres hermanos han empezado a hacerse cargo de esos familiares que han ido enfermando. Además, tienen barreras arquitectónicas en casa. Por encima de todo, Santiago quiere dejar de vivir en el pueblo y trasladarse a Granada, donde podría salir a la calle solo, pasear por las aceras, realizar algunos talleres adaptados y respirar aire nuevo, más allá de esa jaula de cristal en la que hasta ahora ha residido.
Busca este tetrapléjico 'emanciparse' -aunque necesita ayuda para todas las tareas de la vida diaria- sin irse demasiado lejos de los suyos, que residen en Algarinejo y Huétor Tájar. «Me quiero desarrollar y no ser una carga», explica con un habla muy difícil de entender que traduce su hermano Antonio.
«Mi familia no puede»
Por eso, Santiago Recio, que tiene una pequeña pensión más la ayuda económica de la Ley de Dependencia, solicitó hace un año que le cambiasen la paga (ingresa 800 euros mensuales en total) por una plaza en una residencia específica para paralíticos cerebrales. Dio ese paso adelante tras disfrutar de un programa de respiro familiar (una estancia independiente) en el centro de Aspace, la Asociación de Parálisis Cerebral de Granada, donde realizan terapias y actividades, además de los cuidados básicos. Se percató de que era eso lo que quería para su futuro. «También estuve un tiempo en la residencia privada, de pago, del Serrallo. Es para personas mayores y yo ahí me hundo totalmente», explica el afectado.
Recibió hace siete meses la 'gran' noticia de que, efectivamente, la Junta le aprobaba ser beneficiario de una plaza para una persona con sus características. No recibiría dinero alguno, pero podría ser internado en ese centro adaptado. Celebró la buena nueva, pero de nuevo se encontró con otro techo de cristal. Aún hoy, sigue a la espera tras más de medio año de aprobársele el recurso y casi un año de trámites.
Las plazas de la Junta de Andalucía en residencias para grandes dependientes físicos tienen listas de espera interminables y las opciones que les ofrecen a los solicitantes para que el proceso vaya más rápido es optar por un centro en otro punto de Andalucía. «Yo no me quiero ir a Huelva, por ejemplo. Quiero hacer efectivos mis derechos, los discapacitados no somos menos», denuncia Recio, el primero en la lista de espera en Aspace, «que puede tardar años».
«Solo se puede esperar»
«La oferta residencial para personas con discapacidad física en Andalucía es muy escasa», explica la popular Rosa Fuentes, diputada provincial de Centros Sociales y Nuevas Tecnologías. Así también lo suscribe María Alcázar Blázquez, trabajadora social de Aspace Granada, quien sabe que el joven está en lista de espera de la asociación donde ella desarrolla su tarea profesional. «No podemos hacer nada, solo que se ponga a la cola», espeta.
El presidente granadino de la Federación de Personas con Discapacidad Física, Martín Ortega, explica que también la residencia de la Huerta del Rasillo, para grandes dependientes solo físicos, «está desbordada y no se sabe cuándo se quedarán plazas libres».
Desde la Delegación de Salud reconocen que «las plazas son limitadas y el 99% de ellas concertadas por la Junta». Lo dramático de esta situación de carestía de recursos públicos es que esos centros están pensados para que las personas con una gran discapacidad cuenten con un hogar adaptado a sus necesidades llegado el momento en que sus familiares no pudieran atenderlos. «Y cuando llega ese momento, te encuentras con esto», denuncia Santiago.


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