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El 40% de los nuevos discapacitados lo son por un accidente de tráfico

La vida sobre cuatro ruedas

Cada año más personas sustituyen las cuatro ruedas de sus vehículos por las de las sillas de ruedas, y es que el descenso de la siniestralidad vial y de las muertes asociadas a la carretera ha llevado parejo el aumento en el número de personas que como consecuencia de un siniestro sufren algún tipo de discapacidad.

Según informa "La Rioja", esta comunidad no se despega de las estadísticas nacionales que arrojan una conclusión desgarradora: el 40% de los nuevos discapacitados lo son después de haber sufrido un accidente de tráfico. Al menos, eso se desprende de uno de los últimos estudios de la Fundación del Instituto de la Victimología, que también apunta a los jóvenes como los mayores protagonistas de estos desgraciados porcentajes.

En este segmento de población los accidentes de tráfico siguen siendo la primera causa de lesión medular por traumatismo y, además, aglutinan el 75% de los nuevos casos de paraplejia por siniestros al volante.

Pero las estadísticas son sólo eso, estadísticas y la frialdad con la que se asoman apenas despiertan ya sorpresa entre la población. Sí lo hacen los casos con nombres y apellidos, los testimonios de aquellos que a través de las páginas de este diario desadormecen las conciencias. Al menos así le ha ocurrido a esta cronista al escuchar la historia de dos grandes supervivientes, Adrián Cos y Alberto Carrera. A ambos, un accidente de tráfico les ha dejado en  silla de ruedas.

El día del Pilar del 2001

«Habíamos ido con unos amigos a Zaragoza con los coches», relata Adrián. A la vuelta «no sé exactamente lo que ocurrió porque íbamos dormidos», pero el amigo que conducía, en un adelantamiento en cambio de rasante, se encontró con un camión y «volantazo a la derecha y después a la izquierda». En un principio «el accidente no parecía muy grave -comenta- porque estaban todos perfectos». En concreto, él no tenía ni un rasguño y estaba consciente. «Fui a levantarme y no pude, así que me dije voy a esperar unos segundos por si es del shock. Volví a intentarlo y vi que no pude. En ese mismo momento ya supe lo que tenía, sabía que era una lesión medular».

Los siguientes minutos transcurrieron entre el trasiego de la policía y los bomberos que acudieron al lugar del siniestro. Tuvieron que partir el vehículo en dos para sacarle «porque aunque no había sido muy grave, yo iba en la parte de atrás de un coche deportivo y tuvieron que sacarme de tal forma que no me hicieran más daño». Era el día del Pilar del 2001. Adrián tenía 20 años.

Le trasladaron a la UVI en Pamplona. Ahí estuvo una semana. Luego le bajaron a planta y a los pocos días le trasladaron al Hospital Nacional de Parapléjicos, en Toledo, donde permaneció nueve meses en recuperación. Los cuatro primeros fueron duros porque tuvo que estar inmovilizado en la cama. Perdió 20 kilos y su familia, incluida su entonces novia, hoy su mujer, Diana García, intentaban animarle todo el tiempo. «Poco a poco vas saliendo del bache y haces buenos amigos», además, «siempre he sido una persona bastante optimista», y así lo demuestra durante esta entrevista.

La silla de ruedas se convirtió desde entonces en su compañera. No le ha impedido trabajar, pero desde hace un par de años está en paro porque, dice, «aquí en La Rioja es muy difícil encontrar trabajo. No sé si es que les tira para atrás la silla, pero para nosotros está un poco más fastidiado», lamenta. «A la empresa en la que trabajaba llegó la crisis y de quien más podían prescindir era de mí y tuvieron que prescindir, qué le voy a hacer».

«Claro que te imaginas la vida de otra forma», sentencia Adrián, que ha puesto su esperanza en un tratamiento que le aplicaría el doctor Devesa en Galicia y que si todo va bien le permitiría andar. «Siempre piensas en ir y en que salga bien para hacer la vida más fácil a mi mujer y a mi hija», la pequeña Carla, de siete meses.

El 12 de julio de 1999

Alberto Carrera es el protagonista de la segunda historia. Su testimonio es muy parecido al de Adrián. En su caso, el accidente que le dejó en silla de ruedas ocurrió el 12 de julio de 1999. Entonces tenía 17 años. Recuerda que iba de acompañante en el coche con su padre, con todas las medidas de seguridad, el cinturón puesto y el turismo al día. «Nos salimos de la carretera y volcamos» por circunstancias que a día de hoy desconoce y que continúan en manos de la Ertzaintza.

En el mismo momento del suceso supo perfectamente lo que tenía «porque obviamente no te puedes mover». Los 23 días siguientes los pasó en la UVI en Vitoria y después, casi un año en Bilbao, en la unidad de lesionados medulares. Ahí pasó por «mucha rehabilitación para hacerte a la nueva situación y porque tienes que aprender a vivir diferente». El cambio desde entonces dice que ha sido «muy grande». Sobre todo lamenta la pérdida de intimidad «porque dependes para muchas cosas de los demás».

Ahora, doce años después, reconoce estar muy bien porque «la gente que conozco y que tengo alrededor me lo ha hecho fácil». Casado con Marta desde hace seis años, asegura que «no cambiaría mi vida. Sí es cierto que tienes expectativas, pero como las puedes tener tú si esperas que te toque la lotería». Ironiza que a él le ha tocado «esa lotería que nadie quiere», pero gracias a ella conoció a su mujer y «me han pasado cosas buenas en mi vida que igual no me hubieran pasado».